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¿Groserías?




Las groserías, también conocidas como palabrotas, blasfemias, obscenidades o improperios, son un componente especial del lenguaje.


Así como la tierra es el sustrato en el que cultivamos nuestra vida, las groserías son como los volcanes y géiseres que emergen desde las profundidades de esa superficie.


Nuestras tradiciones sociales determinan qué partes de esa superficie son frágiles y delgadas, y es allí donde las groserías encuentran su lugar.


No todas las culturas consideran lo mismo como grosería. Por ejemplo, insultos que funcionan en español podrían no tener significado en finés, holandés o francés de Quebec.


El lenguaje fuerte tiene múltiples funciones: puede ser descriptivo, idiomático, abusivo, enfático o catártico. Sin embargo, ninguna de estas funciones requiere necesariamente de una grosería.


En algunos idiomas, como el bikol (hablado en Filipinas), existen palabras específicas para expresar rabia. En otros, como el japonés, se puede insultar a alguien simplemente utilizando una forma inapropiada del pronombre "tú".


Además, no todo lenguaje prohibido es necesariamente una grosería. Algunas palabras insultantes no son imprecaciones, sino epítetos raciales o basados en discapacidades y orientación sexual.


Otras groserías están relacionadas con cosas que evitamos nombrar debido a su poder. Por ejemplo, en inglés, la palabra "oso" deriva de una palabra que se usaba para el color "marrón" y que se empleaba en lugar del verdadero nombre del animal, por miedo a que se apareciera.


En resumen, las groserías son una parte compleja y multifacética del lenguaje humano. Pueden refrescar el lenguaje, permitir el desahogo emocional y funcionar como instrumento de crítica social, pero también pueden reproducir prejuicios, degradar y dañar a otros.


Su significado y efecto varían según el contexto cultural y social en el que se utilizan



Paula Morao

@moraopaula

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